Municipios y negocios gastan millones ante interrupciones recurrentes de agua potable
Un fin de semana de junio de 2026, fallas en la planta de filtración de La Plata y el Superacueducto dejaron a más de 40,000 abonados sin agua en el área metropolitana y municipios del norte, afectando comercios, hoteles y restaurantes. El municipio de San Juan reportó gastos de más de $1 millón en acarreo de agua, Carolina superó el medio millón de dólares en emergencias similares, y la Compañía de Turismo invirtió $49,625 para distribuir 238,000 galones a hospederías afectadas.
Las interrupciones ya no son solo una inconveniencia residencial: impactan directamente la rentabilidad de pequeños negocios, la experiencia turística en temporada de transición y los presupuestos municipales, sin que haya certeza de cuándo ocurrirá la próxima avería. En respuesta, el alcalde de San Juan lanzó un programa de hasta $5,000 por negocio para adquirir equipos de continuidad operacional.
La infraestructura del sistema de agua potable de Puerto Rico acumula décadas de deterioro, falta de redundancia y presión creciente por eventos climáticos; los municipios han tenido que suplir servicios básicos de forma recurrente ante la incapacidad del sistema centralizado de responder sin interrupciones.
Esta nota ilumina el hilo de la crisis de infraestructura crítica en Puerto Rico, donde la falta de inversión sostenida en agua y energía traslada costos operacionales del Estado a los municipios y al sector privado.